Hallé un buen amigo

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Hallé un buen amigo, mi amado Salvador,
Contaré lo que él ha hecho para mí;
Hallándome perdido e indigno pecador,
Me salvó y hoy me guarda para sí.
Me salva del pecado, me guarda de Satán;
Promete estar conmigo hasta el fin,
Él consuela mi tristeza, me quita todo afán.
¡Grandes cosas Cristo ha hecho para mí!

Jesús jamás me falta, jamás me dejará,
Es mi fuerte y poderoso Protector;
Del mundo me separo y de la vanidad,
Para consagrar mi vida al Señor.
Si el mundo me persigue, si sufro tentación,
Confiando en Cristo puedo resistir;
La victoria me es segura y elevo mi canción.
¡Grandes cosas Cristo ha hecho para mí!

Yo sé que Jesucristo muy pronto volverá,
Y entre tanto me prepara un hogar,
En la casa de mi Padre, mansión de luz y paz,
Do el creyente fiel con Él ha de morar.
Llegándome a la gloria ningún pesar tendré,
Contemplaré Su rostro siempre allí;
Con los santos redimidos gozoso cantaré:
¡Grandes cosas Cristo ha hecho para mí!

Solo tú

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Por mucho que intentamos apartarnos de ti, saber más que tú, ser más que tú, no dejas de amarnos. Pareces callar cuando elucubramos y nos perdemos en divagaciones vanas.

Pero estás aquí, sencillamente aquí. Ni allá, ni más arriba, ni más lejos. Aquí, ahora.

Jesús, solo tú, me bastas.

Estudio: la primera generación cristiana en Judea y Galilea

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Continuando con el programa de formación, nos detenemos en esta ocasión en las primeras comunidades de Judea y Galilea, germen del movimiento de Jesús y del posterior cristianismo. Veremos sus características principales y su importancia en el desarrollo de las narrativas cristianas y la formación de las tradiciones evangélicas.

Los apuntes están disponibles de forma permanente, como siempre, en la pestaña: “Estudio: Nuevo Testamento” del menú superior.

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Ceguera

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Yo era ciego, no podía ver la realidad, ni la indiferencia, la gente decía que era pecador, yo o mis padres, todo era castigo de Dios.

Yo era en verdad ciego, jamás veía que en mi podía manifestarse la gloria y el amor infinito de Dios.

Necesitaba ver, conocer el poder del amor de Dios en mí, saber que mi ceguera no era impedimento, a veces somos ciegos de espíritu.

Soy yo, el mismo que vivía en la oscuridad en la soledad de la indiferencia por causa de muchos, sí, soy yo.

Se preguntan ¿Quién me abrió los ojos? ¿Quién abrió mi conciencia? ¿Quién me hizo consciente de mi compromiso?

Solo sé que antes no veía, estaba ciego, ahora veo.

Pecado llaman muchos a lo que no comprenden, pecadores quienes hacen el bien, no sé si son pecadores quienes hacen justicia, lo único que sé es que yo era ciego, vivía en oscuridad, pero ahora tengo conciencia, puedo ver.

Muchos predican justicia, predican amor, hablan de un dios extraño y lejano, son indolentes, intolerantes.

Dios no escucha a estos pecadores, solo a quienes hacen su voluntad, a quienes sirven al prójimo.

Otros pueden ver y están llenos de pecado, otros son maestros de sus propios errores, ciegos guías de ciegos.

Yo creo ahora y veo, veo y proclamo, veo y amo, algunos que dicen ver pero es como si no vieran, en verdad son ciegos de espíritu.

Los ciegos recibirán la vista, y los pecadores serán salvos, Jesús vino a buscar y a salvar a quienes estábamos perdidos para la religión y la sociedad, él nos da una nueva visión tan solo si queremos ver.

Obed J. Vizcaíno Nájera

Aquello que llamamos verdad

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Cuando todas las hipótesis caigan,
cuando las suposiciones mueran,
cuando los prejuicios se desintegren,
cuando las miradas sesgadas se animen a ver,
cuando los discursos parciales enmudezcan,
cuando los ilusionistas dejen de engañar,
cuando ya nadie quiera hacer de la trampa un trampolín,
cuando los conspiradores se conviertan en inspiradores,
cuando los dardos venenosos se queden sin veneno,
cuando las cámaras dejen de enfocar tantas miserias,
cuando las anteojeras se reemplacen por lentes de honestidad,
cuando los cómplices de las falsedades dejen de recibir su paga,
cuando a los hipócritas se les caigan las máscaras,
cuando la difamación no quede impune,
cuando la libertad de expresión sea expresión de personas libres,
cuando el engaño desnude su perversidad,
cuando la justicia pierda su vergüenza,
cuando los oportunismos ya no tengan oportunidad,
cuando los medios dejen sólo de querer medir,
cuando los poderes dejen de poder,
entonces, apenas entonces,
nos aproximaremos un poco,
y solamente un poco,
a aquello que llamamos verdad.

G. Oberman 

Estudio: el Dios de Jesús y la realidad social de su pueblo

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Continuamos avanzando en el estudio del Nuevo Testamento, sus libros, las primeras comunidades cristianas y el mensaje y la vida de Jesús. En esta ocasión, antes de comenzar con el estudio de los diferentes libros que componen el Nuevo Testamento, nos centramos en el aspecto central de la predicación de Jesús, imprescindible para comprender su ministerio y vida: el reinado de Dios.

Los apuntes están disponibles en la pestaña “Estudio: Nuevo Testamento” del menú superior.

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Reino de Dios

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Una característica esencial del símbolo “Reino de Dios” es que establece una relación entre la situación histórica y la plenitud definitiva de la salvación. La salvación de Dios tiene signos intrahistóricos que le pertenecen intrínsecamente. Por eso Jesús no utiliza para hablar de la salvación el símbolo “mundo futuro” típica de la apocalíptica, porque supone la sucesión de eones (el “mundo futuro” sucede absolutamente al “mundo este”) y no expresa su interpenetración. Jesús afirma, por el contrario, que la soberanía definitiva de Dios comienza en nuestra historia, está en marcha y pugna por ser reconocida.

Aquí radica una de las diferencias fundamentales entre Jesús y la apocalíptica tradicional. Mientras que para ésta el mundo nuevo viene tras la desaparición de este mundo, para Jesús el mundo nuevo comienza en medio del viejo mundo.

Los milagros de Jesús son la “visita de Dios a su pueblo”: “Todos los presentes se llenaron de temor y daban gloria a Dios diciendo: — Un gran profeta ha salido de entre nosotros. Dios ha venido a salvar a su pueblo.” Lc 7,16; son signos de la llegada del reino de Dios. Es decir, la misericordia, el restituir la plenitud humana a los enfermos, el hacer vivir a los muertos, el devolver su dignidad a los alienados o marginados, el dar de comer a los hambrientos, son los signos reales de que Dios reina en la historia. El Dios de Jesús se manifiesta devolviendo su rostro humano a la sociedad; y la sociedad se transforma y humaniza en la medida en que se acerca al Dios verdadero. La cercanía al Dios del Reino es plenitud humana.

AGUIRRE, R. (2009)  Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana, pp. 66-67. Verbo Divino, Estella, Navarra.

Cuando perdemos de vista a Jesús, su contexto vital y la sencillez de su mensaje, nos podemos ver tentados a divagar sin sentido, a dejarnos llevar por modas y filosofías ajenas al evangelio. Últimamente es frecuente leer y escuchar acerca del Dios cósmico, del Cristo cósmico, de variados métodos de ascesis, misticismos variados…y no es que considere que per se, sea malo o errado andar en ello. El problema es cuando nos centramos tanto en conseguir esa unión mística con lo divino, que nos olvidamos de la buena noticia, que no es precisamente sobre qué camino escoger para alcanzar la divinidad. La buena noticia, hoy como ayer, es que Dios se ha hecho humano, camina con nosotros, está a nuestro lado, no se encuentra encerrado en templos, objetos, liturgias, conocimientos elevados, métodos meditativos ni filosofías variadas. Está aquí, contigo, conmigo. No necesitamos superar una carrera de obstáculos para alcanzar la divinidad, porque Dios, el Dios del universo, ha querido acercarse y permanecer con nosotros. Esta es la salvación que Jesús nos propone, dejarnos llenar y llevar por Dios, por pura gracia, por su absoluto amor.

Veo a gente que está deprimida, que tiene problemas económicos, familiares, que no tiene autoestima, que padece enfermedades…¿le hablo de que si pone de su parte y sigue no sé qué método alcanzará la iluminación divina? Absolutamente no. La gente sigue necesitando saber que Dios está a su lado, que le protege, le anima, la da fuerzas para seguir adelante cuando todo parece estar perdido, que aguarda cuando le echamos en cara su falta de ayuda, y nos muestra que nunca se ha ido de nuestro lado cuando se nos ha pasado el enfado. No. Jesús no dijo nunca que el universo conspira a nuestro favor si lo deseamos mucho. Jesús mostró el rostro humano de Dios con su cercanía, amor y misericordia y nos dijo: Id y haced lo mismo.

No es éste un alegato contra los místicos, es una llamada de atención para darnos cuenta de que un místico no es un charlatán, ni un vende humo. Los verdaderos místicos siempre han vivido desde la praxis, sin dejarse llevar por sus experiencias espirituales como excusa para no hacer nada. Al contrario, sus vidas reflejan una perfecta simbiosis entre sus experiencias de lo divino y su estar en el mundo: Teresa de Jesús, Francisco, Juan de la Cruz… Ninguna puede ir separada de la otra. De lo contrario, no es necesario seguir a Jesús, cualquier libro de autoayuda nos serviría. No busquemos agua viva en pozos secos. No.

Sin cruz no hay corona de gloria.